Mi pasión por la pintura se debe al descubrimiento de una forma de expresión y comunicación de mis inquietudes más profundas. Con formación en Derecho y tras una dura oposición, encontré en mi una nueva manera de transmitir aquello que detenidamente observaba a cada momento.
La pintura me eligió como su lenguaje. Siempre me ha conmovido observar la vida en sus gestos más silenciosos: una mirada, un instante detenido, una emoción. Pinto escenas que llegan al corazón, desde la introspección y el deseo de capturar lo invisible.
Mi obra invita a mirar desde la mirada del otro. Es una forma de devolver la vista al espectador. Pintar, para mí, es una manera de traducir emociones universales sin palabras. Es, en definitiva, mi forma de justicia emocional.